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Lunes, 13 Abril 2015 10:19

Ceremonia del Hain: El ritual de iniciación Selknam.

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Alrededor de los dieciocho años los jóvenes varones tenían su iniciación, en ese proceso se los llamaba klóketen.

Para las mujeres no había ninguna iniciación, pero todo adolescente varón debía someterse al Hain. Si el iniciado no conseguía las metas perseguidas tras el primer Hain, debía hacerlo en las siguientes, hasta "graduarse"; después podría casarse.

La separación del joven respecto al mundo de las mujeres y niños era absoluta mientras durase el Hain. Cuando las madres volvieran a verlos ya no serían mas niños. Habría aprendido "el secreto" del cerrado mundo masculino, y estaría endurecido tras haber sufrido la humillación, el hambre y la fatiga.

Primer día de la Ceremonia del Hain: El ritual de iniciación.

Se celebra generalmente en otoño, eligiendo un día con sol; la lluvia o la nieve haría que la pintura de los hombres se corriera y con ello se revelaría "el secreto".

Los últimos preparativos se realizan durante la mañana, las madres de los jóvenes que serán iniciados ("kai-klóketen") pasan las últimas horas en su compañía como si se despidieran para siempre. Los espíritus que aparecerán (los Shoort) se preparan ayudados por otros hombres que van dejando los campamentos reuniéndose en el Hain. 

El consejero de la ceremonia, hombre mayor, a veces también chamán, comienza alrededor del mediodía un canto a viva voz que durará una media hora indicando el comienzo del rito.

Los aspirantes son pintados con arcilla roja, cuando falta poco tiempo para terminar el pintado aparecen dos Shoort para expresar su impaciencia por recibirlos.

Una vez pintados totalmente, se les cubren los hombros con piel de guanaco, y escoltado por un supervisor y su madre sollozante se dirigen a la choza ceremonial. A mitad del camino hacen un alto donde las mujeres se separan.

Klóketen

Los dos klóketen del Hain de 1923. En este caso los iniciados no llegaban a los 18 años, motivo por el cual su adiestramiento no fue tan riguroso.
Fotografía de Martín Gusinde.

Uno de los klóketen es guiado a la choza ceremonial. Los hombres entre cantos forman una rueda contra la pared interior con la vista hacia el fuego. Cesados los cantos, el supervisor le quita la capa, el joven permanece de pie, desnudo e inmóvil. De pronto el consejero le grita :"¡Mirad arriba!", el supervisor le toma la cabeza y la sujeta en esa posición. En tanto salta un Shoort como si surgiera del fuego con los brazos arqueados hacia abajo y los puños cerrados.

Al klóketen le sueltan la cabeza, el espíritu esta delante de él, le agarra las rodillas y pugna por derribarlo. Él como se lo han indicado trata de mantener el equilibrio. El Shoortse mueve a su alrededor, resoplando como dominado por una gran excitación sexual, repentinamente aferra los órganos genitales del klóketen los aprieta con fuerza durante un tiempo para finalizar con un fuerte tirón con ambas manos, dejándolo aturdido por el inmenso dolor y aterrorizado por lo que puede venir después.

El Shoort nuevamente se aferra de sus rodillas, pero esta vez lo derriba, los hombres le ordenan a los gritos. "¡Pelea!¡Agarra al Shoort!"

Comienza la desigual lucha, pues nunca se debe vencer al Shoort, quien si el combate escapara de control podría morderle lo genitales o quemarlo con un tizón. Cuando esten exhaustos el consejero declarará el fin de la contienda.

Cuando el klóketen comienza a recuperarse, recibe una orden del supervisor, señalándole la cabeza de Shoort le dice: "¡Toca a Shoort!, ¡¿Es de piedra o de carne?!".

Shoort impasible está en cuclillas con las manos entre las piernas. El muchacho pasa sus dedos por su cabeza y cuello, hasta que alentado por el supervisor le agarra la cabeza, y le levanta la máscara. Entonces uno de los mayores le grita:“¿Quién es? ¿Podrá ser un hóowin (antepasado mítico)?” Otro agrega: “¿Quién podrá ser? ¿Acaso un woo(yámanas)?”. Cuando el klóketen reconozca al actor, todos los hombres echarán a reír con ganas.

El rito finalizara cuando el klóketen extenuado y exultante reciba el símbolo de hombría: una vincha triangular de piel de guanaco ("k'ochel"). Ahora sabe que Shoort no es más que un hombre, y tal vez ya sospeche lo mismo de los demás espíritus,

Desde el primer día y durante toda la ceremonia, le relatarán los mitos del Hain. Se le narrarán las historias que explican los orígenes del mundo y la sociedad, haciendo hincapie´en la traición de las mujeres "hóowin" (míticas) y su maltrato a los primeros hombres.

Se le advertirá que jamás deberá revelarles "el secreto" a las mujeres como tampoco mencionarles lo que sucede en el Hain, la pena es la pérdida de vida de él y la mujer a la que confió el secreto.

Algún tiempo después se le hará confesar si ha tenido relaciones sexuales (aunque, si ha sido así, no está obligado a dar el nombre de la muchacha). Se le enseñará a respetar a las mujeres y a las personas mayores, a compartir la presa que haya logrado cazar y a quedarse siempre con la peor parte; a ser generoso y responsable, a atender a su familia.

Aunque no se lo volverá a atormentar o torturar, estará sujeto a severas disciplinas a lo largo de toda la ceremonia. No debe hablar nunca en el Hain, a menos que sea para responder una pregunta. Sólo puede reirse cuando desenmascara al Shoort.

El supervisor le impedirá relajarse, debe estar atento a todo lo que sucede en la choza ceremonial. Mientras esté sentado debe mantener las piernas estiradas hacia adelante, con la vista clavada en el fuego, sin mirar a otro lado. Para rascarse debe utilizar un palito del que lo han provisto y no las uñas. Se alimenta con frugalidad, duerme poco, a veces lo despierta antes del alba para salir de cacería, la cual puede durar de tres a cuatro días. Tiene que pintarse todos los días. Se espera de él que mantenga siempre una conducta circunspecta y alerta.


Fuentes:

Fin de un Mundo. Anne Chapman

Los indios de Tierra del Fuego. Martín Gusinde

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